Cosas Perdidas
- timothy martiny
- 25 sept
- 6 Min. de lectura
Una de las mayores alegrías de nuestro ministerio es ver cómo la Palabra de Dios cobra vida para los niños y jóvenes a quienes servimos. Este año, nuestros dos pastores de jóvenes impartieron una serie de 13 semanas llamada Cosas Perdidas (“Lost Things”) en paralelo en nuestros centros de Santa Fe y San José Pinula.
Recorriendo el Evangelio de Lucas, la serie exploró lo que significa estar perdido y, más importante aún, lo que significa ser hallado en Cristo. Cada semana estaba anclada en una historia bíblica y una imagen, que juntas formaban un gran vitral, recordando a los estudiantes las verdades que estaban aprendiendo.
Del pastor de jóvenes Luke Dove – Centro Santa Fe
Cada semana, mientras avanzábamos paso a paso en el recorrido, nuestros estudiantes pintaban parte de un vitral, llenándolo de color y significado a medida que la serie progresaba.
Comenzamos con Jesús “perdido” en el templo, y pintamos una iglesia en la colina como recordatorio de hacer de la casa de Dios nuestro hogar. Más adelante, flores simbolizaron el llamado de Jesús a no preocuparnos. Cuando estudiamos a Lázaro, dejamos el sol sin pintar, solo la luz atravesando el espacio vacío, para recordarnos que Dios a menudo obra a través del dolor y la pérdida.
A los estudiantes les encantó ver cómo las imágenes se unían: la moneda perdida mostrando su valor ante los ojos de Dios, el contraste entre Pedro y Judas revelando el poder del arrepentimiento verdadero, y la reveladora historia de Hombre Rico y Lázaro, recordándonos que la eternidad es real.
Cerramos con el Hijo Pródigo: tanto el hijo menor que regresó a la gracia como el hijo mayor que permaneció, pero aún estaba lejos del corazón del Padre. La imagen final fue del Padre con los brazos abiertos. Al final, nuestro vitral estaba completo, y también las lecciones: lo que estaba perdido puede ser hallado, lo que estaba muerto puede volver a la vida.

Del pastor de jóvenes David López – Centro San José Pinula
Vi cómo esta serie tuvo un impacto poderoso en la vida de nuestros estudiantes. No se trataba solo de lo que se enseñaba, sino de cómo los estudiantes lo recibían y lo aplicaban en sus vidas.
Cuando estudiamos “Seres Queridos Perdidos”, los estudiantes compartieron sus propias historias de duelo, y muchos se dieron cuenta de que Dios podía usar su dolor para ayudar a otros. Durante la lección de la “Oveja Perdida”, vieron cómo eran arrastrados por amistades falsas y las redes sociales, pero también cómo el Dios que los ama nunca deja de buscarlos. En “Perder la Preocupación”, encontraron consuelo al saber que su Padre celestial provee para sus necesidades.
El Hijo Pródigo fue especialmente poderoso. Varios estudiantes admitieron que se habían alejado de Dios, pero pudieron reconocer que Él los esperaba con los brazos abiertos. Un joven compartió que, tras meses lejos de Dios, regresó y volvió a experimentar paz y gozo. Otra joven testificó que su familia, antes marcada por el conflicto, había encontrado paz cuando su papá comenzó a servir al Señor.
En definitiva, esta serie se convirtió en mucho más que un estudio; se transformó en un encuentro que cambió vidas con el Dios que busca, perdona, sana y restaura.

Testimonios de los estudiantes
Ana - A lo largo de esta serie aprendí muchas cosas, algunas llegaron justo en el momento que las necesitaba. Una lección que me tocó profundamente fue “Ser Querido Perdido”. Me ayudó a ver que Dios a menudo usa nuestro dolor para ayudar a otros que enfrentan las mismas luchas y darle gloria. Otra lección que me impactó fue la de la “Oveja Perdida”. A veces las amistades falsas, las influencias familiares o las redes sociales nos alejan, pero Dios sigue llamándonos de regreso. Apocalipsis 3:20 me recuerda que Jesús está tocando a la puerta de nuestros corazones, esperando con los brazos abiertos. Esta serie me dio esperanza, paz y fe de que, incluso en mi mayor dolor, Dios nunca me abandona.
David - La historia que más me gustó fue cuando Jesús se perdió en Jerusalén y lo hallaron en el templo, enseñando a los ancianos y sacerdotes. Sus padres estaban preocupados, pero lo descubrieron haciendo la voluntad de Su Padre. Aprendí que Dios tiene un propósito para nuestras vidas, no se trata de nuestro tamaño o estatus, sino de un corazón que se entrega por completo a Él.
María - Lo que aprendí de Cosas Perdidas es que Dios nos ama. A menudo me preocupaba por mis posesiones y necesidades diarias, pero me di cuenta de que debemos confiar en Él, así como las flores no se preocupan y aun así Dios cuida de ellas. También reflexioné sobre el Hijo Pródigo, se fue, pero al regresar fue recibido de nuevo por su Padre con los brazos abiertos. Así es Dios con nosotros. Hace unos meses me había alejado y me sentía vacía. Pero cuando regresé, Él me recibió, me perdonó y me llenó de alegría. Dios siempre nos ama, pero eso no significa que debamos abusar de Su bondad.

Sofía - Las lecciones que más me tocaron fueron la de la “Oveja Perdida”, la de“El Padre” y la de “El Hijo Mayor”. Me di cuenta de que, así como el Padre en la historia, Dios nos busca, sana nuestras heridas y nos llama de vuelta incluso cuando estamos lejos. Antes, mis padres peleaban mucho, pero ahora veo cómo Dios ha transformado nuestra familia. Le ha dado a mi papá un don para el ministerio, y me alegro de lo que ha hecho en nuestras vidas. A cualquiera que lea esto, le animó a seguir adelante a pesar de las pruebas y luchas, porque después de la tormenta viene la calma.
Lucía - Esta serie ha sido una gran fuente de aprendizaje para mi vida. Me llevó a reflexionar sobre cómo actúo y cómo respondo en situaciones difíciles. Me di cuenta de que muchas de las experiencias que he vivido; como la pérdida de un familiar o un amigo y el vacío que dejan; son más comunes de lo que pensamos, y que se pueden enfrentar con esperanza en Dios.
También entendí que, incluso estando en la iglesia, puedo perderme; mi fe puede debilitarse, y a pesar de mi deseo de seguir a Dios, a veces cometo errores que me alejan de Él. Sin embargo, esta serie me ayudó a reflexionar sobre las causas de esa distancia y cómo puedo evitarla.
Lo más profundo fue recordar que mi Padre siempre me espera con los brazos abiertos, alegrándose, así como el pastor se alegra cuando encuentra a su oveja perdida. Más que palabras y enseñanzas, esto me llevó a cambiar mis decisiones, la manera en que pienso y cómo quiero vivir.

Lo que más nos anima es, ver cómo lo que enseñamos permite que la Palabra de Dios transforme la vida de nuestros estudiantes. Se nota en la manera en que piensan, oran y responden a la Palabra de Dios. En cada testimonio vemos que Él está obrando, llamando a los perdidos a ser hallados y trayendo sanidad donde antes había dolor.
Nada de esto sería posible sin sus oraciones y apoyo. Cada donación que hacen y cada oración que elevan hacen posible que discipulemos a la siguiente generación, equipándola con la verdad de la Palabra de Dios y la esperanza del Evangelio. Gracias por ser parte de esta historia de transformación y por ayudarnos a alcanzar las “cosas perdidas” con el amor de Cristo.
Atentamente, Timothy Martiny
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