Invertir en personas... que invierten en personas
- timothy martiny
- 1 jul
- 6 min de lectura

¿Cómo se obtendrá un retorno de 100 veces sobre tu inversión?
Uno de mis pasajes favoritos de las Escrituras es la explicación de Jesús sobre la Parábola del Sembrador. En Marcos 4:20, Él describe la semilla que cae en buena tierra: “Pero otros son como la semilla sembrada en buena tierra: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha, unos treinta, otros sesenta y otros cien veces más de lo que se sembró.”
A lo largo de los años, he reflexionado muchas veces sobre lo que significa ver un retorno de cien veces sobre una inversión. En un mundo que constantemente nos anima a invertir nuestro tiempo, energía y recursos en cosas que prometen ganancias económicas, Jesús nos señala algo mucho más valioso: invertir en las personas.
Recientemente, mientras nuestro equipo de Cadaniño se reunía para celebrar el cumpleaños de Jonathan (nuestro maestro de Robótica en San José Pinula), cada persona tomó un momento para compartir palabras de ánimo y aprecio. Mientras escuchaba, me encontré reflexionando sobre las muchas personas que han invertido en la vida de Jonathan y en todas las vidas que él está impactando.
Ese momento me hizo recordar una conversación que tuve hace más de quince años con el Dr. Robert Little.
El Dr. Little fue uno de nuestros primeros apoyadores cuando comenzámos nuestro camino como misioneros. Mucho antes de que existiera Cadaniño, él nos desafió a pensar de manera diferente sobre el ministerio. En lugar de enfocarnos únicamente en lo que nosotros mismos podíamos lograr, nos animó a invertir en personas que, a su vez, invirtieran en otros.
Su visión estaba arraigada en 2 Timoteo 2:2:“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
Hacer discípulos que hagan discípulos. Enseñar a personas que enseñen a otras personas, quienes a su vez enseñarán a otros más.
En aquel entonces, muchas de las ideas que compartía parecían ambiciosas. Hablaba de empoderar a los estudiantes para liderar, crear sistemas que multiplicaran la influencia y desarrollar entornos donde los alumnos pudieran convertirse en maestros. Años antes de que la educación STEM se volviera popular en Guatemala, nos animó a explorar la ciencia, la tecnología, la innovación y el aprendizaje autodirigido como herramientas que ayudarían a los jóvenes a descubrir y desarrollar los dones que Dios les habían dado.
De hecho, antes de lanzar el programa extraescolar de Cadaniño en un garaje en 2016 con solo 35 estudiantes, el Dr. Little vino y dirigió un taller enfocado en empoderar a líderes comunitarios para servir y enseñarles a multiplicar su impacto formando líderes que sirvieran a otros.
Hoy, casi una década después, me asombra ver muchas de esas ideas, ahora arraigadas en la cultura de Cadaniño, dando fruto.
La historia de Jonathan es un ejemplo perfecto de ello.
Jonathan llegó a Cadaniño como estudiante en 2017. En el camino, nuestros maestros invirtieron en él, lo animaron y le dieron oportunidades para crecer.
Una persona clave en su recorrido fue Eduardo Lux, nuestro primer maestro, quien ahora dirige el centro de Cadaniño en Santa Fe, donde todo comenzó.
Eduardo invirtió en el crecimiento y desarrollo de Jonathan, ayudándolo a descubrir sus habilidades y potencial. Hoy, Jonathan sirve como uno de nuestros maestros de STEM, robótica y ciencias. Está ayudando a desarrollar y dirigir programas que preparan a los estudiantes para oportunidades que la mayoría de ellos jamás hubieran imaginado que fueran posibles.
Todavía recuerdo a Eduardo llamándome y rogándome que incluyéramos a Jonathan en un grupo de los primeros estudiantes de Cadaniño que habían recibido una beca para un curso de robótica:
“Tim, él es nuevo aquí, pero está realmente interesado en la tecnología, tiene un muy buen corazón y creo que vale la pena invertir en él.”
Pero la historia no termina ahí.
Hoy, Jonathan está invirtiendo en estudiantes de la misma manera en que otros invirtieron en él. Algunos de los adolescentes a quienes enseña se han convertido en líderes. Ayudan a dirigir clubes de robótica, guían a estudiantes más pequeños en sus proyectos y comparten pacientemente con otros las habilidades que han aprendido.
Lo que comenzó como una inversión en un joven se ha convertido ahora en una comunidad de estudiantes que están aprendiendo no solo cómo tener éxito, sino también cómo ayudar a otros a tener éxito.
Cuando doy un paso atrás y observo todo esto, me doy cuenta de que estamos siendo testigos de algo extraordinario.
El Dr. Little invirtió en nosotros. Nosotros invertimos en nuestros maestros. Nuestros maestros invirtieron en Jonathan. Jonathan está invirtiendo en estudiantes, y esos estudiantes ahora están invirtiendo en otros.
Seis generaciones después, esa cadena de influencia continúa creciendo.
Así es como se ve la multiplicación.
Mientras escribo esto, nos estamos preparando para realizar la primera Feria de Ciencia y Tecnología de Guatemala. Al ver a los estudiantes preparar proyectos de robótica, programación, impresión 3D, ingeniería y electrónica, veo mucho más que proyectos científicos en exhibición.
Veo el fruto de décadas de inversión en personas.
Veo estudiantes descubriendo habilidades que nunca supieron que poseían y ganando confianza en los dones que Dios puso en ellos hace mucho tiempo.
Veo a futuros maestros, ingenieros, emprendedores y líderes comunitarios comenzando a surgir.
Pero, más importante aún, veo a jóvenes aprendiendo que sus dones nunca fueron destinados a ser guardados para sí mismos, sino a ser utilizados para servir a otros.
Quizás por eso esta lección resuena tan profundamente en mí.
Antes de venir a Guatemala, tenía una carrera en tecnología e ingeniería de sistemas. A lo largo de los años hubo temporadas en las que el ministerio fue difícil. Recaudar apoyo era un desafío y proveer para una familia con seis hijos requería una fe que nos sacaba de nuestra zona de comodidad.
Hubo momentos en que me pregunté si no habría sido más fácil regresar a una carrera en tecnología, obtener un ingreso estable y simplemente servir como voluntario en mi tiempo libre.
Si soy honesto, hubo momentos en los que miraba mis dones y habilidades y me preguntaba si estaba desperdiciando algunas de las capacidades que Dios me había dado al no seguir una carrera que maximizará mi potencial económico.
Pero al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que Dios estaba usando esos años para enseñarme algo mucho más valioso.
El mayor uso de mis habilidades ha sido construir un ministerio que capacita y empodera a las personas para usar sus dones al servicio de los demás.
Los laboratorios de tecnología, los clubes de robótica, las ferias de ciencias y los programas educativos son herramientas maravillosas, pero no son el verdadero legado.
El verdadero legado se encuentra en las personas.
Se encuentra en maestros como Eduardo, en jóvenes líderes como Jonathan y en estudiantes que ya están invirtiendo en la próxima generación.
Esas son las inversiones que siguen creciendo mucho después de que nosotros ya no estemos aquí.
Después de más de veinte años sirviendo aquí en Guatemala, he llegado a comprender algo profundo: La mayor inversión que podemos hacer no está en la tecnología, los negocios, las propiedades o incluso los programas.
La mayor inversión que podemos hacer es en las personas.
Las personas llevan la imagen de Dios. Ellos moldean familias, comunidades y generaciones futuras.
A diferencia de cualquier otra inversión, las personas pueden multiplicar su influencia al invertir en otros.
Cuando intencionalmente creamos oportunidades para que esa multiplicación ocurra, el impacto se expande mucho más allá de lo que cualquier individuo podría lograr por sí solo.
Eso es, creo yo, de lo que Jesús hablaba cuando describió una cosecha treinta, sesenta y cien veces mayor de lo que originalmente fue sembrado.
Cada vez que un maestro ayuda pacientemente a un estudiante que está luchando, se siembra una semilla.
Cada mentor que toma el tiempo para animar a un joven, siembra otra semilla.
Cada voluntario que sirve, cada donante que crea oportunidades y cada estudiante que decide ayudar a otro estudiante está participando en ese mismo proceso.
Estos actos sencillos pueden parecer pequeños en el momento, pero cuando caen en buena tierra, Dios los usa para producir una cosecha mucho más grande de lo que cualquiera de nosotros podría imaginar.
Así es como se ve un retorno de cien veces sobre una inversión.
Sinceramente,
Timothy and Sharie Martiny





















