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Jóvenes en Misión


When the Students Become the Teachers

En una pequeña calle de una de las comunidades a las que servimos, un grupo de niños está sentado en sillas plásticas, escuchando atentamente mientras su instructora abre una Biblia y comienza a enseñar.


Ella no es maestra, no es pastora, es una estudiante de Cadaniño.


Hace apenas unos años, ella era quien estaba sentada en una silla como la de ellos en un Centro de Impacto Comunitario de Cadaniño, aprendiendo historias bíblicas, haciendo preguntas sobre la fe y descubriendo que Dios se preocupaba profundamente por su vida.


Hoy, ella es quien comparte ese mismo mensaje con otros.


Este es el milagro silencioso que estamos viendo cada vez más en Cadaniño: nuestros estudiantes se están convirtiendo en maestros e instructores de lo que han aprendido.


Cómo comienza la transformación


En Cadaniño, el liderazgo no comienza con un título. Comienza con la formación.


Semana tras semana, los estudiantes participan en estudios bíblicos, clases de discipulado, conversaciones de mentoría y momentos de adoración, oración y reflexión. Estos espacios de leer las Escrituras juntos, hablar de la vida y hacer preguntas ayudan a formar la manera en que los jóvenes se ven a sí mismos y al mundo en el que viven.


Con el tiempo, los estudiantes comienzan a ver sus vidas, sus comunidades y su futuro a través de la verdad de Dios. Estos ritmos constantes de discipulado forman el carácter, la compasión y la fe que los preparan para servir a otros.


Pero aprender no es el objetivo final.


Creemos que los jóvenes crecen más cuando se les dan oportunidades para poner en práctica lo que están aprendiendo.


Una de las primeras grandes oportunidades para hacerlo surgió durante la crisis del COVID-19 en Guatemala.


Cuando llegó la pandemia, muchas de las familias a las que servimos perdieron sus empleos. Gracias a donaciones generosas, Cadaniño distribuyó bolsas de alimentos de emergencia a las familias de nuestros estudiantes. Pero la necesidad era grande en las áreas donde servimos, y pronto esas mismas familias comenzaron a preguntarnos si podíamos ayudar a otros que también lo necesitaban.


Sin embargo, en ese momento teníamos un equipo pequeño y no podíamos llegar a todos. Después de orar y reflexionar, les preguntamos a nuestros estudiantes si estarían dispuestos a ayudar a llevar alimentos a personas mayores y enfermas en sus comunidades.


La respuesta fue increíble.


Los estudiantes recibieron capacitación y comenzaron a entregar alimentos, leer la Biblia y orar con personas que estaban aisladas y con temor. Para muchos, fue su primera experiencia pasando de ser servidos a servir a otros.


Cuando terminó la pandemia, pudimos ver que algo había cambiado en la vida de quienes estaban sirviendo, así que les hicimos un desafío sencillo:


Encontrar niños en sus comunidades y enseñarles acerca de Dios de manera constante.


Ese desafío se convirtió en el Club de Jóvenes en Misión de Cadaniño.


A través de este programa, los jóvenes organizan clases bíblicas en sus vecindarios, reuniendo a niños más pequeños para cantar, escuchar historias bíblicas, orar juntos y aprender sobre el amor de Dios.


En Cadaniño creemos que los jóvenes a quienes servimos no solo son los líderes del futuro de sus comunidades; son líderes ahora mismo, y nuestra misión es empoderarlos para que se conviertan en verdaderos agentes de cambio en sus comunidades, siendo las manos y los pies de Jesús, llevando esperanza a un mundo perdido, solitario y quebrantado.


Muchos de estos jóvenes también están siendo capacitados a través de alianzas con la Fundación Génesis, que brinda formación en liderazgo enfocada en carácter, responsabilidad, trabajo en equipo y liderazgo de servicio, y con el ministerio Identify, que ofrece capacitación en evangelismo para prepararlos a compartir su fe con otros.


Hoy, 41 jóvenes de Cadaniño enseñan clases bíblicas a más de 130 niños en sus comunidades cada mes.


Mira el video de cómo comenzó todo.


Aquí están algunas de sus historias


Salma (17)


Lo que me motivó a unirme a Jóvenes en Misiones fue la oportunidad de enseñar a los niños acerca de la Palabra de Dios y recordarles que, incluso cuando se sienten solos o están pasando por situaciones difíciles, Dios siempre está con ellos.


Muchos niños sienten que no tienen a nadie que los escuche. Pero cuando les enseñamos acerca de Dios, aprenden que siempre tienen un amigo fiel que los escucha y los guía. Cuando realmente lo siguen, pueden sentir paz y alegría en lugar de soledad.


Uno de mis desafíos ha sido aprender a tener paciencia. Los niños a los que enseño tienen entre seis y diez años, y son muy activos. Enseñarles es una gran responsabilidad.


Lo que más me ha impactado es darme cuenta de que algunos niños parecen estar bien, pero en realidad están pasando por situaciones muy difíciles. Algunos me han contado que sus padres los abandonaron, y ahora sus abuelos u otros familiares los cuidan, pero tienen dificultades para proveer suficiente alimento.


Darlin (19)


Desde que era pequeña, siempre me ha interesado trabajar con niños, así que comencé ayudando a mi hermana a enseñar sus clases bíblicas en el Club de Jóvenes en Misiones. Al principio sentía que era fácil porque solo ayudaba, pero luego comencé a enseñar por mi cuenta y me di cuenta de que era una responsabilidad mucho mayor.


Un gran impacto que he visto en los niños es que son como pequeñas esponjas, absorbiendo todo lo que ven y escuchan. También se desarrolla una relación especial entre maestro y alumno cuando los niños se abren y se expresan de maneras que nunca imaginamos. A veces pueden alegrarte todo el día con una sola palabra.


Lo que me motiva a seguir sirviendo es saber que puedo cambiar vidas. Hay niños que no asisten a ninguna iglesia, y saber que podemos ser la puerta para que conozcan a Dios y aprendan la Biblia significa mucho. También me motiva saber que podemos ser un buen ejemplo para ellos al compartir la Palabra de Dios con amor y paciencia, para que después ellos también puedan compartir lo que han aprendido con otros.



Shaila (18)


Lo que me motivó a unirme a Jóvenes en Misiones fue la oportunidad de servir, enseñar y compartir la Palabra de Dios con otros.


Uno de los mayores desafíos para mí ha sido creer en mis propias capacidades. Hay días en los que todo sale de maravilla y la clase se desarrolla exactamente como se planeó. Pero también hay días en los que las cosas no salen como esperábamos. A través de esos momentos, he aprendido que incluso cuando las cosas no salen perfectamente, Dios recibe nuestro servicio con alegría.


Servir me ha enseñado algo muy importante: incluso cuando pensamos que no tenemos nada que dar, siempre tenemos algo que ofrecer. Mientras enseñamos a otros, también aprendemos de ellos. No importa dónde sirvamos o cuántas personas haya. Lo que importa es que lo hacemos para el Señor.


He aprendido que Dios puede usar nuestros talentos y fortalezas para sembrar semillas en otros. Y aun cuando nos sentimos incapaces, Dios es quien nos llama y nos capacita para cosas mayores de lo que imaginamos.


Lo que me motiva a seguir sirviendo es la pasión en mi corazón por servir a otros con humildad, paciencia y amor, siguiendo el ejemplo de Jesús. Quiero que mi vida refleje Su amor y Su gracia. Siento profundamente que amar a otros sin límites es la mayor respuesta a Su llamado.



Jefferson (15)


Lo que me motivó a unirme a Jóvenes en Misiones fue la oportunidad de compartir la Palabra de Dios con la próxima generación. Quería responder al llamado de Dios de compartir el Evangelio y ayudar a los niños a entender que Dios puede ayudarnos en cada situación.


También quería agradecer a Dios por lo que ha hecho en mi vida, no solo con palabras, sino sirviendo a otros.


Al inicio, uno de mis desafíos fue enseñar clases y aprender a ser un buen maestro. Quería dar un buen ejemplo y mostrar a los niños que Dios está conmigo en todo momento.

Lo que más me ha impactado es la relación que he construido con los niños. Ellos te toman cariño y cuando te saludan como su maestro, se siente muy especial.


Lo que me motiva a seguir sirviendo es saber que Dios siempre está conmigo y que fui creado para servirle compartiendo Su amor con los demás.



Un Evangelio que se multiplica


Lo que está sucediendo a través del Club de Jóvenes en Misiones de Cadaniño es algo verdaderamente hermoso.


Los niños que llegaron a Cadaniño para aprender ahora se están convirtiendo en maestros de otros.


El mensaje del Evangelio que compartimos diariamente en nuestras clases se está extendiendo de un estudiante a otro, de un vecindario a otro y de una generación a otra.


Así es como el Evangelio se multiplica.


Comienza con un niño aprendiendo sobre el amor de Dios. Crece a través del discipulado constante, la mentoría y el desarrollo de liderazgo cuando ese niño se convierte en adolescente. Y eventualmente, ese joven puede llegar a decir: “Quiero que otros también conozcan esto”.


El impacto no termina cuando los estudiantes se gradúan de Cadaniño.


Recientemente, Dora, la madre de uno de nuestros estudiantes, compartió que su hija menor ha estado recibiendo tutorías de Ruth, una exalumna de Cadaniño que ahora es maestra. Ruth ha estado visitándola y ayudándola a mejorar sus habilidades de lectura y escritura para que pueda inscribirse en Cadaniño junto a su hermano.


Este sencillo acto de bondad refleja algo poderoso: las semillas sembradas a través de años de discipulado continúan dando fruto mucho después de que los estudiantes dejan nuestras aulas.


Este es el modelo que vemos en 2 Timoteo 2:2: transmitir a otros lo que hemos aprendido, para que ellos también enseñen a otros.


Porque cuando los jóvenes descubren que sus vidas importan y que Dios puede usarlos para impactar a otros, comienzan a comprender algo increíblemente poderoso: que Dios los ha equipado para ser agentes de cambio en sus comunidades, las manos y los pies de Jesús, llamados y capacitados para llevar esperanza a un mundo perdido, solitario y quebrantado.


Atentamente,

Timothy and Sharie Martiny



¡Asóciate con Cadaniño hoy y impacta vidas para la eternidad!




Cadaniño

Ayudamos a las personas a descubrir, abrazar y cultivar sus dones dados por Dios hasta alcanzar su máximo potencial como una forma de glorificarlo en todos los aspectos de sus vidas.

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