De Oraciones a Posibilidades: El Viaje de Fe y Transformación de Shaila
- timothy martiny
- 28 may
- 6 Min. de lectura
En Cadaniño, creemos que todo niño merece la oportunidad de crecer académica, espiritual y personalmente, sin importar los desafíos de su entorno. Nuestros programas extraescolares existen para acompañar a niños vulnerables y a sus familias, brindándoles el apoyo, la formación y el cuidado que necesitan para romper ciclos de pobreza y descubrir el potencial que Dios les ha dado.
Quiero compartir contigo el camino de Shaila, una estudiante de Cadaniño, y el impacto que ha tenido en su vida —y en la vida de quienes la rodean— el haber sido aceptada en nuestro programa.
"Quisiera contarles un poco sobre mi historia. Mi nombre es Shaila Daniela Estrada Mejia, tengo 17 años, estoy en quinto bachillerato en diseño gráfico y mi familia está conformada por mis dos papás y mis dos hermanitos. En mi vida antes de entrar a cada niño pues yo era una niña muy tímida y en la escuela tenía algunos amigos pero habían personas que pues se burlaron de mí o hacían comentarios sobre mi físico e incluso algunas veces pues me llegaron a golpear pero yo no lo contaba porque me daba miedo y yo sentía que pues que nadie podía ayudarme entonces pues seguía adelante pero ciertamente pues eso me motivaba o me hacía sentir insegura de mí misma.
Mi familia siempre ha sido una familia unida, si han habido dificultades pero las hemos afrontado como familia y también con la ayuda de Dios. Mi papá es una persona a la cual yo admiro mucho porque él siempre me aconseja y es una persona muy fuerte entonces él siempre busca el bienestar para mi familia y para mí. Cuando yo iba a entrar a carrera mi papá se había quedado sin trabajo durante dos años y medio entonces fue una situación difícil porque nos limitamos a muchas cosas, habían problemas, dificultades pero siento que fue un proceso que me ayudó a ser más agradecida porque pues antes si teníamos comida tal vez no era la mejor pero siempre había comida y ahorita que con ese problema el no poder tener ciertos alimentos o no poder tener ciertas cosas pues me hacían recordar y valorar lo que antes tenía.
Luego cuando fui creciendo yo necesitaba realizar mis tareas pero conforme iba avanzando de grados pues las tareas ya eran más complicadas y se necesitaba pues usar lo que es la computadora, saber escribir en una computadora, hacer documentos y cosas así pero yo no había tenido la oportunidad de ir a un curso de computación o incluso no sabía cómo usar una computadora ni cómo encenderla y yo sabía que era algo que yo necesitaba. Hubo momentos que pues si me puse a llorar porque mis compañeros terminaban yo no y no sé fue algo duro para mí. Yo platicaba con mi mamá sobre que necesitaba un curso de computación entonces me acordé de lo que mis primos me habían comentado que ellos iban a una fundación donde les enseñaban cursos de computación y al día siguiente recuerdo que fui con mi mamá y fuimos a tocar a las puertas de la fundación de cada niño entonces me atiende el profesor que es el profe Eduardo y pues pasamos a la oficina y pues mi mamá le comentó la situación en la que estábamos y yo también tuve que hablar.
Yo sinceramente pues no tenía un discurso pensado en mi cabeza como voy a decir esto o voy a decir lo otro yo me dije yo voy a ser sincera y voy a decir la verdad yo recuerdo que al profesor le dije que yo quería aprender y que eso iba a ser importante para que yo pudiera avanzar en mis estudios también recuerdo que le dije que que mis papás cuando tenían la oportunidad de pagarme un curso de computación luego le dije que yo pues era una buena niña y que si iba a aprovechar la oportunidad porque era aplicada y que en realidad necesitaba la oportunidad. Recuerdo que cuando el profesor me dijo que por mi valentía y coraje pues mi hermana y yo íbamos a ingresar pues yo me alegré porque llevaba mucho tiempo pidiéndole a Dios una oportunidad así. Desde que entré yo estaba nerviosa porque sabía que eran nuevas personas, nuevos compañeros y no sabía cómo me iba a ir.
Recuerdo que cuando llegó la clase de computación e ingresé a una plataforma que se llama Mavis que es donde nos enseñan a cómo escribir correctamente en el teclado. Recuerdo que yo me apresuraba en la plataforma de Mavis para avanzar y subir así de plataforma entonces yo seguía avanzando seguía adelante y recuerdo que una vez el profesor me preguntó cómo iba en la plataforma y yo le comenté que pues iba bien y le dije en qué en qué nivel iba entonces él me preguntó si yo quería subir de plataforma yo me puse feliz y yo le respondí que sí. Conforme pasó el tiempo pues iba avanzando en la plataforma de pasar a Mavis pasé a introducción a computación entonces fui avanzando lo más rápido que pude.
Algunas personas me decían que pues no iba a poder avanzar rápido porque cada clase era aproximadamente se tardaban un año pero no me había desmotivado porque yo sabía lo que quería y yo sabía que pues lo iba a lograr e iba a lograr avanzar porque no nos cobran por soñar podemos soñar y cumplir nuestras metas y todos nuestros sueños.
Recuerdo que aproximadamente dos meses antes de la clausura, nos recordamos que en la fundación todos los años donan dos computadoras a los alumnos. Entonces, yo le decía a mi mamá: “Vas a ver que me van a dar una computadora.” Ella no me desmotivó, solo se reía y me decía que sí.
Un día se lo dije a mi papá, y él me motivó. Me dijo que si tenía fe, Dios me la podía dar. Recuerdo que un día me contó que soñó que me iban a entregar una computadora, y yo le creí.
Llegó el día de la clausura. Todos estábamos emocionados. Yo estaba feliz porque no había estado antes en una clausura de CadaNiño. Compartir con mis compañeros y con mis maestros fue muy especial. Incluso los ensayos fueron muy divertidos.
Recuerdo muy bien que, cuando se llegó el momento de la premiación de las computadoras, me puse nerviosa. Pero ya me había como desilusionado, empecé a ser más realista y pensé: “Tal vez no reciba una computadora.” En ese momento me desmotivé.
Recuerdo que la maestra, que era la maestra de ceremonias, dijo: “Que pase al frente la alumna Daniela Estrada.” Cuando dijo mi nombre, no lo podía creer. Estaba tan asombrada que tardé en reaccionar. Me quedé quieta, con una cara de alegría, pero sin poder moverme de la impresión.
Una compañera que estaba a la par mía tuvo que decirme que era yo y que pasara al frente. Entonces pasé. Cuando recibí la computadora, no puedo explicar la alegría que sentí. En mi mente, le iba agradeciendo a Dios porque Él me había escuchado. Había escuchado mi oración y la petición que le había hecho durante mucho tiempo.
La computadora me ha ayudado mucho para realizar mis tareas y documentos. También he podido ayudar a mis primos. Pero lo que más me alegra es que ahora mi hermana va a poder hacer sus tareas en la computadora y no va a sufrir como yo.
Recibir este regalo, esta computadora, ha marcado de gran manera mi vida. Quiero agradecer a Dios primeramente por ayudarme. También a los maestros, porque cada uno de ellos ha sido muy amable conmigo y con todos los niños.
Además, quiero agradecer a Timothy y a Sharie, a Lucas, por escucharnos y por hacernos sentir especiales. Y también quiero dar gracias a todas las iglesias y personas que apoyan la fundación. ¡Muchas gracias! Que Dios los bendiga."
La historia de Shaila es un ejemplo poderoso de por qué existe Cadaniño. De ser una niña tímida, cargada de dificultades y desánimo, ha pasado a ser una estudiante segura de sí misma, equipada con propósito y potencial. Su recorrido refleja el corazón de nuestra misión: estar en la brecha por los niños vulnerables y brindarles el apoyo físico, personal y espiritual, así como la guía y las oportunidades que necesitan para salir adelante.
Hoy, Shaila se ha graduado de la escuela secundaria y estudia en una escuela técnica por las mañanas. Por las tardes, sirve como asistente de maestra en Cadaniño, invirtiendo en la vida de otros estudiantes, tal como otros lo hicieron con ella. Como miembro de nuestro Club de Misiones Juveniles, enseña clases de Biblia en su comunidad, compartiendo el amor de Cristo y el conocimiento que ha adquirido.
Con un corazón enfocado en convertirse en maestra, Shaila es un testimonio vivo de transformación, resiliencia y el poder de la esperanza. Su vida es una bendición para los demás y un hermoso recordatorio del impacto que Cadaniño tiene, un niño y una familia a la vez.
Sinceramente,
Timothy Martiny
Presidente, Cadaniño
¡Asóciese con Cadaniño hoy e impacte vidas para la eternidad!



























