Nuestras clases están mejorando

A principios de febrero, volvimos a poner en marcha nuestro centro de capacitación vocacional en Colonia Santa Fe. Durante muchos años, hemos trabajado en alianza con una escuela local para brindar capacitación en computación y formación espiritual a los niños de la comunidad. Muchos de ellos provienen de entornos de extrema pobreza y de familias desintegradas.
El profesor Eduardo, maestro de quinto y sexto primaria de la escuela, quien también trabaja con nosotros por las tardes impartiendo las clases de computación y compartiendo devocionales con los estudiantes, me ayudó a acondicionar el aula. Pintamos murales en las paredes, construimos escritorios y restauramos nuestras computadoras, muchas de las cuales son bastante antiguas y requieren mucho cuidado y atención para seguir funcionando.
Uno de los cambios de este año fue abrir las clases a la comunidad local. La respuesta fue increíble y el aula se llenó por completo durante la reunión de orientación.
Muchos padres tomaron tiempo libre en sus trabajos para inscribir a sus hijos. Además de explicarles los beneficios que las habilidades informáticas pueden brindarles, compartimos con ellos el propósito superior que nos motiva: compartir el evangelio de que Cristo ha venido a liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos y sanar a los quebrantados de corazón.
Creemos que Dios nos ha llamado a realizar una labor integral. Santiago 2:14-16 dice: «Hermanos míos, ¿de qué sirve que alguien diga que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: “Vayan en paz, abríguense y coman hasta saciarse”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve eso?»
¿Es espiritual nuestro llamado principal como misioneros? Sí, pero también debemos recordar lo que Jesús nos dice en Juan 10:17: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen». Entonces, cuando las ovejas de Jesús acuden a nosotros para escuchar su voz y tienen otras necesidades que podemos atender, ¿acaso no estamos llamados también a servirles de esa manera? Yo creo que sí.
Hasta ahora, nuestras clases han sido maravillosas. Tenemos cuatro grupos de 15 niños cada uno. Todos los días llegan puntualmente, oran, leen un versículo de la Biblia y luego reciben su clase de computación.
Gracias a un donante que cubrió el alquiler durante 10 meses, contamos con fondos adicionales para contratar servicio de internet para el aula. Esto nos ayudará a mejorar la calidad de nuestras clases.
Los estudiantes están aprendiendo mecanografía al tacto, Microsoft Office, Word y Windows.
Les pedimos que nos tengan presentes en sus oraciones. Por lo que hemos podido observar, existe una necesidad real de lo que estamos haciendo y creemos que este proyecto puede crecer hasta convertirse en algo mucho más grande.



